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lunes, mayo 20, 2024

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Un día en la vida de: Alberto Encinas

El veedor de Morante de la Puebla narra cómo es su trabajo

Soy Alberto Encinas. Nací en Salamanca, donde sigo viviendo. Y llevo casi toda mi vida siendo veedor de toros.

El mundo del toro me atrajo desde niño. Ya con 13 años quise ser torero, y entré en la escuela la capea de Salamanca, para pasar después a la escuela de la Diputación, con el maestro Juan José. Aquello no cuajó, pero el toro me atrapó para siempre. A mí me gustaba mucho el campo, y con 23 años ya estaba vendiendo toros y vacas sueltos para los pueblos. Y, en seguida, comencé como veedor.

Ser veedor es un trabajo para todas las épocas y todos los meses del año. Implica conocer el campo, las plazas, el manejo de cada ganadero, la alimentación y  los tiempos de cada encaste, teniendo siempre en cuenta además en qué fecha está previsto que se lidien. Por eso, hay que ir conociendo y revisando en invierno las camadas, porque es ya un apunte de lo que podrán ser en el futuro; ahí vas viendo por la conformación del animal y si puede ser de plaza de primera o de segunda, pero es un apunte, luego el tiempo te dirá hasta dónde llegan realmente. Y desde luego hay sorpresas, toros que creías que eran de plaza de primera quedan más abajo y otros que eran más de tipo medio, evolucionan a mejor.

Para ello, repito, es imprescindible estar mucho en el campo, para seguir muy de cerca esta evolución. Hay que tener en la cabeza toda la cabaña brava.

Mi abuelo fue Prudencio García Encinas, que fue toda la vida el veedor que tenían los Chopera, empezó con ellos en la década de los 40. Yo, personalmente, empecé con Rafael Piédrola, veedor de El Cordobés y mi maestro en aprender el oficio de veedor; por supuesto también mi abuelo me aconsejaba, todo lo cual fue una gran ventaja puesto que fueron dos veedores históricos.

«Viajo constantemente por toda España e incluso por Portugal y Francia. En un año normal hago unos cien mil kilómetros»

Los veedores antiguos solían tener una exclusividad con un torero o una empresa concreta, para sus plazas. Ahora se alterna, puede ser empresas que trabajen en varios pueblos, que te conozcan, por supuesto empresas de plazas de primera o segunda, o toreros.

Viajo constantemente por toda España e incluso por Portugal y Francia, viajo muchísimo.  Un año normal hago unos 100.000 kilómetros. Y es que las ganaderías están muy dispersas por toda España, un día en Albacete, otro en Burgos, otro en Vejer, uno más en Portugal o luego en Francia, por ejemplo en Saint-Sever el año pasado, etc. Calculo que me paso más de 180 días al año durmiendo en hoteles, fuera de mi casa.

Salgo de Salamanca pronto por la mañana y voy a diversas ganaderías. A veces la cita está fijada con antelación, otras de un día para otro, y, en ocasiones, como son viajes largos, si está cerca alguna otra ganadería, aprovecho y llamo para ver si por favor puedo pasar y repasar una corrida concreta, si el ganadero está disponible.

En la mayor parte de los casos, es el propio ganadero quien te recibe. Hablas un poco de cómo va la temporada, de los problemas puntuales o generales, la sequía, Ucrania, la pandemia, etc., y luego te pones a ver los toros. La experiencia te enseña que esto es un trabajo de paciencia y de tiempo, lógicamente hay que exigir en beneficio de quienes trabajas, pero debes ser consciente de que la perfección es muy difícil.

«Como veedor de Morante de la Puebla, desde hace tres años, viajo por toda España»

El ganadero está en una situación que tiene un mérito increíble y demuestra una afición enorme para poder sobreponerse a tantas dificultades, puesto que, cuando parece que va a ir bien, siempre surge un nuevo problema.

Hay que estar siempre repasando, porque según vas yendo a las fincas, ves los animales de pasado mañana, pero también los de dentro de varios meses. Y, además, yo  procuro repasar siempre dos o tres días máximo antes del embarque.

Y en octubre ya se empiezan a ver los toros que tienen ganaderías para el año que viene, para plazas de primera y segunda, tercera, pueblos, figuras, etc.

Uso el teléfono para hacer muchas anotaciones, pero yo soy de apuntar en una o varias libretas todos los datos que necesito.

Cuando tienes empresas fijas, hay que pensar en los toros que le podrían valer a esa empresa, aunque luego no se lleguen a utilizar. Obviamente, seguir las instrucciones de esa empresa en relación con qué ganaderías le interesan, teniendo presente que no todas las camadas pueden llegar a servir a esa empresa, dado que una ganadería puede no tener el tipo de toros que quiere la empresa todos los años. Y es que quizá un año lo tenga, pero al siguiente no.

Y, como veedor de toreros, reseño los que creo que le pueden interesar más, dentro de las ganaderías que ofrece la empresa, pero esas reseñas están “escritas a lápiz”, podríamos decir, porque después de la reseña pueden pasar muchas cosas, dado que son animales vivos y, por tanto, están sujetas a cambios para bien o para mal. Puede haber muchos meses por delante y mil circunstancias. Entre ellas, los reconocimientos que pueden hacer que un toro inicialmente reseñado finalmente no sea escogido.

Y todo eso, por supuesto, en comunicación con el ganadero que es el que tiene el conocimiento más profundo de sus animales.

Como veedor de Morante de la Puebla, desde hace tres años, estoy para toda España. El año pasado fue, por esta circunstancia, especialmente intenso, y de febrero a octubre me llegué a recorrer más de 140.000 kilómetros.

Un gran esfuerzo, pero tengo muy claro que los cuatro pilares de la fiesta son los ganaderos, los toreros, los empresarios y los aficionados. Hay que pensar siempre en ellos para conseguir que se produzca la magia en la plaza. Los demás somos accesorios, pero hacemos nuestro trabajo con toda la ilusión. Y por eso, cuando Morante de la Puebla hace una faena histórica, única, en la Maestranza, cortando las dos orejas y rabo, obra por supuesto del maestro. Y tú, con tu trabajo, has colaborado a que ese sueño se haga realidad, sientes una satisfacción íntima y una felicidad que para ti se quedan.

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