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lunes, mayo 20, 2024

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Un día en la vida de: Rocío, La Alguacililla

Mi nombre es Rocío López González, tengo 24 años, nací en Casarrubios del Monte aunque actualmente vivo en El Álamo. Y soy la primera alguacililla de Las Ventas en toda su historia.

En mi vida cotidiana me dedico a trabajar de auxiliar de veterinaria, y como hobby me gusta montar a caballo. Ahora lo hago, también, en el albero de la primera plaza de toros del mundo. La primera mujer en hacerlo.

En la plaza de Las Ventas empecé con los programas de mano cuando tenía 15 años, por afición y por medio de una amiga.

Allí conocí la cuadra de caballos de Madrid Equigarce, y con ellos comencé hacer de alguacililla en diversos pueblos cuando se enteraron de que montaba a caballo. Gracias a ellos conseguí bastante experiencia. 

Años después, un alguacilillo de las Ventas, Alvaro, se jubilaba. Y a mí se me ocurrió proponer a la empresa de la plaza que fuera yo la que le sustituyera, y les conté que ya tenía experiencia en otras plazas, como he indicado antes. La empresa estuvo encantada con la idea, y así es como el 1 de Agosto del 2019 hice mi primer despeje en Las Ventas, convirtiéndome en la primera mujer en dicho puesto en la primera plaza de toros del mundo.

Era la final de las novilladas nocturnas, un mano a mano entre Rafael González y Tomas Rufo, con novillos de El Cortijillo y Lozano hermanos. Y ese primer día di mi primera oreja, por cesión de mi compañero Fran, a Tomas Rufo.

Yo no conté a casi nadie la noticia de que iba ha salir ese día hasta que me vieron vestida lo cual fue una sorpresa para todos y mis compañeros me apoyaron muchísimo. Fue cumplir un sueño, porque ese puesto une dos de mis pasiones, los caballos ya que  llevo montando desde muy pequeña, y los toros, que me han gustado desde que tengo uso de razón: mi familia ha sido muy aficionada a ellos, he tenido la suerte de ir a plazas de toros desde muy pequeña tanto para ver corridas, novilladas, festejos populares… o de verlos en la tele.

Mi trabajo como alguacililla no es solo el que se ve durante el festejo, empieza bastante antes. Llego a la plaza como dos horas o dos horas y  media antes del festejo, y en ese tiempo me encargo de mover un poco al caballo, normalmente dándole cuerda para que se estire y salga tranquilo al ruedo, luego se le ducha si es necesario o se le cepilla, y después, cuando queda como una hora para el festejo, procedo a ensillarlo, y algún monosabio o nosotros mismos nos llevamos a los caballos(el de mi compañero Fran y el mío) a la puerta grande, desde donde empezaremos el despeje los dos. 

Una vez que los caballos están preparados nos vamos a vestir nosotros.  Los vestuarios están debajo del tendido 3. A continuación,  nos gusta ir a saludar y desear suerte a los toreros y sus cuadrillas antes del festejo, después si nos da tiempo salimos al pasillo de la puerta grande a ver la gente que hay, y se pueden hacer fotos con nosotros, que siempre es un momento agradable. Cuando quedan unos 15 minutos, nos subimos a los caballos para andar un poco con ellos antes de que el presidente saque el pañuelo blanco, lo que indica que debemos salir al ruedo para hacer el paseíllo.

El paseíllo es diferente en una novillada y en una corrida. Cuando es para una novillada, tras saludar al presidente nos vamos los dos caballos juntos por el centro  del  ruedo a por los novilleros. Pero cuando es corrida de toros, tras el saludo al presidente,  cada uno partimos hacia un lado de la plaza para encontrarnos en la puerta donde salen los toreros. Es lo que se llama el despeje en plaza y es la que más se conoce de nuestras funciones. Tiene un carácter simbólico, puesto que rememora los tiempos en los que la autoridad tenía realmente que hacer salir de la plaza en la que se iba a celebrar la corrida, a todas las personas que estaban en ella, para que pudiera empezar el festejo.

Aun así, tenemos otras funciones, como son la de entregar los trofeos que concede el presidente a los toreros (las orejas o el rabo), y junto con los delegados velar por el cumplimiento del reglamento taurino de una corrida de toros o novillada. Por ejemplo, la colocación de picar, que el tercero de la cuadrilla esté con el caballo que guarda la puerta, o que no se den vueltas al toro. Diré la verdad: nunca he tenido problemas con ningún profesional.

Ser alguacilla me permite disfrutar al máximo de dos de mis pasiones, los toros y los caballos, y en el escenario taurino más importante de todo el mundo. No puedo pedir más.

Rocío López González, Alguacililla

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