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domingo, junio 16, 2024

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Un día en la vida de… Jaime Zambrano

Me llamo Jaime Zambrano, nací y vivo en Zafra, Badajoz, hace 39 años, y en el mundo del toro trabajo en una profesión que todos conocen pero que no tanta gente sabe en qué consiste de verdad. Soy ayuda, y en este momento estoy principalmente a las órdenes del maestro Talavante.

El ayuda es el hombre de confianza del mozo de espadas y normalmente lo elige el propio mozo de espadas, aunque a veces es el mismo matador el que lo hace.

Llevo 14 años en la profesión y la verdad es que he estado tanto de mozo de espadas como de ayuda. Me decanté más de ayuda ya que de mozo de espadas conlleva muchas más responsabilidades y por supuesto más tiempo. El ser ayuda me da la libertad de poder compartirlo con otras ocupaciones y poder pasar más tiempo con mis tres hijos y con mi mujer.

Soy una persona que no se puede quedar quieta, suelo montar eventos, tengo un cebadero de terneros con mi padre y me dedico a agente comercial de ganado, o, como se dice, corredor de ganado.

Mi trabajo de ayuda empieza días antes de la corrida, porque me encargo de reservar donde cenar el día de llegada y la comida y cena de la vuelta. El día anterior al festejo viajamos en una furgoneta el  mozo de espadas, los banderilleros y los picadores, y nada más llego bajo maletas de todos los banderilleros y picadores a sus habitaciones y a continuación subo unas sillas para cada compañero para que puedan poner los vestidos, o como se dice en el mundo del toro, hacer la silla.

También llevo la máquina de coser, nunca se sabe qué puede pasar, si hay algún problema con algún vestido y tengo que apañarlo para que se lo puedan poner ese día. Si no es muy tarde ese día, preparo  capotes y muletas por si están sucios o viene alguno roto o algo para siempre tenerlo listo y también hago zapatillas de los banderilleros y las del matador las limpio siempre antes de cada festejo.

Soy una persona que me gusta madrugar. Aunque lleguemos de viaje porque vengamos de otra corrida a las 5 de la mañana al hotel, me gusta levantarme a las 7:30-8 para dejar las cosas preparadas cuanto antes, ya que puede surgir otras durante el día y es mejor tener las tareas hechas.

«Podríamos decir que soy el mozo de espadas de la cuadrilla»

Si el hotel está cerca de la plaza de toros y se puede ir andando me voy con ellos al sorteo, pero si está un poco más lejos me suelo quedar en el hotel, ya que el matador puede necesitar algo mientras está el mozo de espadas en el sorteo. Si hay pedido de entradas pues me quedo pendiente para ayudar en lo que haga falta al mozo de espadas, por si van los compromisos al hotel a recogerlo.

Se suele comer entre 13 y 13:30, pronto, para luego poder descansar algo antes de la corrida. Lo organizo yo, y me gusta hacerlo en el mismo hotel donde estamos, y si no puede ser, en el bar más cercano. Por la tarde, dos horas antes de la corrida suelo subirle a la habitación los cafés a los compañeros a los que le gusta antes de vestirse.

Yo siempre me voy a la plaza unos 40 minutos antes del empezar el festejo, con los dos picadores. Busco a alguien de la zona y me hace como se dice en el toro “el servicio de picadores”: nos lleva del hotel a la plaza y luego nos trae para el hotel en su coche también. Y me llevo todos los trastos: muletas, capotes del matador, dos capotes de cada banderillero, nevera, un macuto con costurero y mil cosas más.

Se puede decir que el mozo de espadas es el hombre de confianza del matador, pasa mucho tiempo con él, y yo paso más tiempo con la cuadrilla en el día a día, podríamos decir que soy el mozo de espadas de la cuadrilla, pero todos somos compañeros y nos apoyamos al máximo.

«Durante la corrida, los tres ayudas de los matadores colaboramos entre nosotros»

 Una vez hacen el paseíllo, recojo los capotes de paseo de mi cuadrilla. Durante la lidia de los toros de los otros toreros hago el cambio de capotes de mis banderilleros, porque usan un capote para la lidia y otro que llamamos “de sangre”, para mover al toro cuando ya está herido.

Suelo darle un capote al mozo de espadas mientras el matador está lidiando. Durante la lidia de capote pongo una muleta y la ayuda en el callejón, al lado derecho o izquierdo según la costumbre de cada matador, y con una botella de agua para que cuando el mozo de espadas la necesite para dársela, la tenga muy a mano y todo sea rápido.

Una vez acabada la faena, el matador se acerca a las tablas, yo le cojo la ayuda, le pongo una toalla en la tabla y lleno el vaso de agua por si acaso le apetece y el mozo de espadas le da la espada.

Al final de la muerte de cada toro, le cojo las cosas al mozo de espadas y la dejo en su sitio, vuelvo a poner agua y acuarios en el burladero para que el mozo de espadas lo tenga allí junto al capote que limpie antes.

Algo no tan conocido es que, durante la corrida, los tres ayudas de los matadores colaboramos entre nosotros. Mientras un torero está haciendo su faena, su ayuda está atento a él, y uno de los otros dos ayudas, en un orden establecido, se ocupa en ese momento de la cuadrilla de ese torero para cambiar sus capotes de lidia por los de sangre, y para limpiar la espada, la ayuda y la puntilla.

Una vez acabada la corrida recojo todo lo del callejón y me voy con el servicio de picadores al hotel. Una vez en hotel coloco la furgoneta con los trastos y empiezo a bajar las maletas de todos, aunque mis compañeros de la cuadrilla siempre me ayudan mucho.

«Lo más duro es echo de menos a la familia, soy un hombre muy familiar»

Hay viajes en los que, como tenemos corridas seguidas, solo te da tiempo a dormir en la furgoneta.  Algunos son cortos, pero otros pueden durar de 8 y 10 horas, y así terminas una corrida por ejemplo a las 11 la de la noche, mientras cenas y tal, y puedes tener quizá 800-1000 kilómetros, y llegar al destino a las 8 de la mañana. Y así te puede pasar unos cuantos días seguidos.  Y por eso quiero mencionar y agradecer especialmente al chófer de la cuadrilla, que trabaja mientras dormimos, y nos lleva con seguridad a cada festejo.

Paso mucho tiempo fuera, empezamos en marzo y acabamos en octubre. Hay veces que estoy 15 días seguidos sin venir a casa y lo mismo estoy 2 días y me vuelvo a ir, y eso es lo más duro porque echo de menos a la familia, soy un hombre muy familiar.

Pero, a pesar de todo, me encanta mi trabajo. En mi carrera he ido con muchos maestros: Tomás Campos, Miguel Ángel Silva, Tomás Angulo, Manuel Perera, Diego San Román… también alguna tarde suelta con Castella, Morante y Ferrera entre otros.  Actualmente, como dije estoy en la cuadrilla del maestro Talavante, fijo, y compagino con el maestro José Garrido si no me coincide, y si me llama algún otro y tengo la posibilidad, pues también voy.

Y es que, aunque es una profesión dura, se viven experiencias únicas.

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