Update cookies preferences
martes, junio 25, 2024

Un centro de pensamiento y reflexión de la

InicioPublicacionesCulturaEn la tauromaquia el público es plural y exigente

En la tauromaquia el público es plural y exigente

Hay un malentendido general que consiste en estabular sociológicamente la tauromaquia para convertirla en un arma arrojadiza -y, peor aún, identitaria- propicia para la gresca ideológica contemporánea. Toros sí, toros no. Inmovilismo frente a avance social. Lo nuestro o lo nuevo. La tradición frente a la modernidad. Lo carca frente a lo joven. Y lo peor de todo: la derecha frente a la izquierda. Es un malentendido interesado, claro. Un bulo. Porque el público de las plazas de toros es plural como la vida misma y, por tanto, muy difícil de encasillar. Yo diría que casi imposible, porque a la hora democrática de la verdad vale lo mismo un ‘kleenex’ blanco en la andanada de Sol que un pañuelo de Loewe en una barrera de sombra. Un hombre, un voto: con la entrada en la mano, nadie es más que nadie. Buena parte de la riqueza taurina nace de esa diversidad tan llamativa que abarca desde el silencio eucarístico de La Maestranza al hedonismo jaranero de la solanera pamplonica. Desde la Azpeitia ceñuda a la Marbella ‘yuppie’. Desde los bous al carrer de La Vall d’Uixó a los caballeros rejoneadores de Jerez de la Frontera. Esa pluralidad es igualitaria, también, porque va aparejada a unos altos niveles de exigencia. Y eso ocurre porque probablemente ningún espectáculo de masas requiera tanto conocimiento previo para llegar al disfrute pleno como la tauromaquia. Pero tampoco eso es un obstáculo definitivo para la masificación heterogénea de los públicos taurinos. ¿Por qué? Porque en torno al toro se produce un proceso intelectual único, en el que la muerte está presente de una manera real y ‘palpable’. Y, a diferencia de otros espectáculos, el público la acepta con naturalidad, porque le sirve como catalizador de una particular exaltación de vida. Y porque no hay nada más plural que la muerte, qué demonios.


Texto escrito por el periodista Juanma Lamet dentro de la campaña para divulgar el Decálogo de Albert Boadella en defensa de la tauromaquia que el Instituto Juan Belmonte está llevando a cabo durante el mes de febrero.

Más vistos