viernes, diciembre 9, 2022

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Argumentos para la cría del toro de lidia

A menudo reflexiono sobre los motivos por los que mantengo el interés y la ilusión por continuar la labor ganadera de mi abuelo, a pesar de las dificultades económicas y sociales que hoy en día envuelven a la tauromaquia.

Es cierto que al haber vivido desde niño los entresijos de la gestión de la ganadería de lidia, el interés por conocer y desarrollar las funciones del ganadero de bravo, se despertó en mí a corta edad. Podríamos decir que la tradición sería un motivo. Pero lo cierto es que no es el único, y que seguramente tampoco sea imprescindible. Ya sabemos, que los tiempos cambian y que las circunstancias económicas, familiares y sociales pueden modificar las costumbres.

Lo que es inapelable, es que los retos a los que se enfrenta el ganadero, la búsqueda de la bravura, y las funciones que hay que desarrollar en este trabajo, te envuelven y te cautivan independientemente de tus orígenes. Además, la vocación queda reforzada cuando analizo la actividad ganadera del bravo, desde mi perspectiva profesional, la de Ingeniero de Montes.

Y es que mi profesión, me permite ver y comparar la gestión de otros tipos de ganadería con la de lidia.

Si bien es cierto que la oveja es la especie ganadera más destacada para la sostenibilidad de la dehesa, desde mi punto de vista, entre los bovinos la de lidia es una raza idónea para su gestión silvopastoral.

En primer lugar, diré que la raza de lidia es una raza autóctona de la Península Ibérica. Es conocido, que cuando se da esta condición, los animales presentan características de rusticidad, que permiten una mayor adaptación a las circunstancias geográficas, de clima y suelo, favoreciéndose así una mayor eficiencia en el pastoreo desarrollado, en comparación al de otras razas foráneas.

La condición genética de estos bovinos (bravura), hace que manifiesten ante el extraño una actitud desafiante, altiva y finalmente esquiva, lo cual les atribuye el calificativo de animales semisalvajes, cuya crianza debe desarrollarse en condiciones de semilibertad. Este comportamiento favorece un pastoreo muy eficiente.

Además, el propósito de esta raza es la producción de animales adecuados para la lidia, siendo la producción cárnica un objetivo secundario. Esto ha supuesto, que la selección que los ganaderos han venido realizando durante siglos, desemboque en la actualidad en bovinos de morfología y peso más reducido que el de otras razas mansas. De hecho, el peso medio de una vaca reproductora de lidia está en torno a 300 kg, y el del cuatreño alrededor de 450 kg, frente a los 850 kg que puede llegar a pesar una vaca de otra raza bovina, como por ejemplo la Limusina.

Los cuatreños y cinqueños de la raza de lidia, acostumbrados a los piensos de “remate”, suelen estar en cerrados relativamente pequeños, siendo sus desplazamientos para consumir pastos naturales, reducidos. Por el contrario, los cercados de hembras, y de añojos, erales, utreros, que no vayan a lidiarse con esa edad, presentan las dimensiones propias de la ganadería extensiva. La no excesiva suplementación, de estos lotes de animales, favorece que los recorridos sean amplios en el territorio habilitado, permitiéndose así un aprovechamiento eficiente y sostenible de pastos y frutos (bellotas); sin olvidar el impacto moderado sobre el regenerado y los pies menores de las especies arbóreas de la dehesa (Quercus). Limitando la comparación a los bovinos, que de por sí son de mayor tamaño que ovinos y porcinos, sostengo que el impacto moderado que menciono es consecuencia del menor tamaño de las reses de lidia con respecto al de otras razas como la Limusina o la Charolaise.

Como se sabe, el ciclo productivo de la ganadería de lidia implica la dotación de diferentes cerrados o cercados, en los que pastoreen lotes de hembras y camadas de machos de diferente edad.

Así, métodos de pastoreo variantes al tradicional, tales como el diferido, u otros como el rotacional, son alternativas de gestión acordes con los tiempos que vivimos y que no debemos desdeñar. Sin duda, la dotación de cercas de la dehesa de bravo, facilita la posibilidad de aplicar los sistemas de pastoreo diferido y rotacional.

En un contexto climático, cada vez más “hostil”, la racionalización de los recursos pascícolas de la dehesa se plantea como una medida de gestión crucial. En las fincas de bravo, la amplia dotación de cerrados favorece dicha gestión.

De la misma manera, el personal de estas ganaderías (mayoral y vaqueros), juega un papel decisivo en el pastoreo eficaz de estas dehesas, por estar especializado en el manejo de los animales y ser conocedor de sus reacciones y querencias. Este manejo del ganado contribuye en las mejoras pascícolas y en la prevención de incendios mediante el control del matorral.

Se ha escrito, y se ha dicho en varias ocasiones, que “el toro bravo es el guardián de la dehesa”. Esta expresión se ha empleado con carácter metafórico, para explicar que la crianza del toro permite su conservación, y consecuentemente la de las especies silvestres que la habitan, algunas de ellas en peligro de extinción. Indudablemente, coincidiendo con este análisis, además compruebo, por mi experiencia en el campo, que la expresión alcanza una mayor cota, pudiéndose entender incluso en sentido literal.

Me explico. La amplia mayoría de personas, ajenas al campo o no, evitan entrar (sin autorización de la propiedad), en fincas con animales bravos, como medida de precaución por la desconfianza que les genera el carácter de estos bovinos. Así, el gestor de la dehesa encuentra un “aliado” en el “toro”, para reducir los episodios de furtivismo sobre aprovechamientos de recursos, tales como la caza, las setas, o los espárragos. Basta, con la señalización adecuada mediante carteles de advertencia.

Todos estos argumentos, sobre la idoneidad del pastoreo de la dehesa con bovinos de lidia, refuerzan mi interés sobre la ganadería de bravo. Aunque no puedo saber lo que el futuro me deparará, mantienen vivo mi propósito y el de mi hermano. El tiempo lo dirá.


Jorge Cuadra Soriano es ingeniero de montes, dueño de la empresa “Ingeniería Rural y medio ambiente SL” y titular, junto a su hermano Carlos, de los hierros de reses bravas sitas en Jaén “Apolinar Soriano Heras” y “Galbarín”.

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