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lunes, mayo 20, 2024

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Un día en la vida de… Rafael Cerro

En la actualidad, el matador de toros se involucra con frecuencia en los festejos populares de Extremadura, asumiendo el papel de director de lidia, y ha expresado su interés en compartir con el IJB cómo transcurre su rutina diaria.

Me llamo Rafael Cerro Ginés. Soy matador de toros, actúo de director de lidia de muchos festejos populares en Extremadura, y además trabajo a diario en una empresa dedicada al desbroce y al cerramiento de fincas. Y estoy orgulloso de todo eso, porque siempre intento ser honesto y profesional y dar lo mejor de mí en todo lo que hago.

Nací en Navalmoral de la Mata, Cáceres, el 2 de febrero de 1993. Soy el pequeño de siete hermanos (5 chicas y 2 chicos), y mellizo de una de mis hermanas. Todos ellos viven en Saucedilla, un pequeño pueblo cercano a Navalmoral. Somos una familia muy unida y nos apoyamos mucho, nuestros padres han sido siempre unos pilares fundamentales en nuestras vidas, y muchos de los valores de la vida que he aprendido se los debo a ellos.

Somos una familia de campo cien por cien, recuerdo por ejemplo de pequeño ordeñar las cabras antes de ir al colegio. El trabajo familiar siempre ha estado relacionado con el campo, y también con el toro, porque mi padre ha sido toda la vida un apasionado de lo taurino, aunque no tenemos ningún antecedente profesional.

El veneno de querer ser torero y dedicar mi vida a esta profesión me empezó a entrar sobre los 13 años, cuando mis padres trabajaban con ganado bravo en una finca llamada “La Herguijuela de Doña Blanca”. Allí, aparte de atender al ganado, se hacían muchas faenas de campo, como tentaderos, herraderos, saneamientos, etc. Y luego, en casa, a todas horas, estaban las corridas de toros puestas en la tele o cualquier programa relacionado con este mundo.

Mi padre vio que lo tenía muy claro y decidió apuntarme a la Escuela Taurina de Plasencia. Estuve algo más de 1 año hasta que se cerró y después me fui con 15 años a la Escuela Taurina de Badajoz. Al principio, eran sólo los fines de semana, pero, cuando comencé a destacar en la Escuela, tuve que dejarlo todo e irme allí para vivir por y para el toro. Fue entonces cuando no parábamos de ir a tentar y de prepararnos para la temporada. Esto conlleva dejar de lado muchas cosas, como la relación con los amigos y con la familia, y también los estudios,  la escuela la dejé en cuanto tuve el graduado escolar, mi vida era entrenar y tentar mañana y tarde. No había tiempo para nada más.

Estuve tres años en la Escuela, hasta que debuto con picadores, momento en el que apostó por mí el maestro Ortega Cano, el cual me apoderó cinco años de mi carrera: tres como novillero con caballos y dos como matador de toros. A él le debo muchas cosas y muy buenas.

Recuerdo varios momentos importantes en mi vida de torero hasta ahora, como cuando estuve de novillero con caballos, pisando las mejores plazas de España, Francia y América. Y como matador de toros, llegó la tarde más importantes de mi carrera siendo acartelado con el maestro José Tomás en Granada. Aquella tarde fue especial y única para mí, cortando 2 orejas.

« Lo que peor se lleva es, como se suele decir, estar en el banquillo y no torear»

Toreo mucho menos de lo que quisiera, y eso es duro. La peor situación no son las cornadas, que son “marcas de guerra” y la consecuencia de ponerte delante de un toro. Lo que peor se lleva es, como se suele decir, “estar en el banquillo” y no torear.  Como soy una persona seria, y, aunque no suelo tener manías, tengo bastante carácter y voy de frente, sé que no he toreado festejos o he dejado de estar anunciado porque hay cosas por las que no paso y reclamo lo que me corresponde. Como he dicho antes, he aprendido unos valores para la vida que son sagrados y no pienso cambiarlos.

En Extremadura actúo con frecuencia de director de lidia de festejos populares. A pesar de lo que alguno pueda pensar, ser director no hace de menos a un torero, sino que lo hace de más, por supuesto si ejerces tu labor con la seriedad y el compromiso y la intensidad que merece.  Desde luego, no estás ejerciendo tu profesión como matador de toros, pero poseer las capacidades que tiene un torero es importante para poder ser eficaz en momentos que pueden ser de mucho peligro y tensión.

Y es que el director es la figura más importante y que más responsabilidades tiene de un festejo popular porque es la que tiene el deber de estar pendiente de todo y de todos en cada momento.  Me suelo colocar en el centro de la plaza donde pueda llegar a todos lados lo antes posible y en las calles suelo ir lo más cerca que pueda del toro. Es muy importante conocer al toro, conocer sus reacciones, lo que va a hacer, lo que no va a hacer y mientras tanto también tienes que estar pendiente de la gente que está en la plaza. Si está en condiciones para estar dentro o no, y de no ser así intentar que abandone el recinto, si hace falta con el auxilio de la autoridad, porque es mi deber proteger la integridad de todos.

«A veces he evitado situaciones que podrían haber sido trágicas»

Puedo decir con orgullo que tengo buena fama como director de lidia, a la hora de un percance siempre he tratado de inmediato quitar el animal lo antes posible de la persona a la que está cogiendo, incluso a veces hasta jugarte la tuya propia para salvar otra, y creo que muchas veces he evitado situaciones que podrían haber sido trágicas. Algunos hasta me llaman “el salvavidas”.

Dado que el mundo del toro no da para vivir de ello, trabajo en una empresa dedicada al desbroce y al cerramiento de fincas. Soy una persona muy activa, yo no suelo estar parado. Me levanto antes de las 07:00 y a las 08:00 empiezo a trabajar. Término a las 16:00, llego a casa, atiendo a mis animales y después me pongo a entrenar. Otros días monto a caballo, salgo al campo con mis perros, voy de caza, y a veces me acerco a Navalmoral a hacer entrenamiento de boxeo.

Actualmente vivo en medio del campo, en Jarandilla de la Vera, con mi pareja. Estamos en un entorno rural rodeados de todos nuestros animales y de mucha paz y tranquilidad. Quienes me conocen, saben que me encantan los perros y tengo varios. Además. tengo un caballo, gallinas, algunas ovejas… De todo un poco para entretenernos en nuestros ratos libres.

No hay nada con lo que poder comparar estar en tu casa y a cualquier hora poder coger tus trastos y entrenar en mitad del campo, sin ruidos, sin prisas, sin que nadie te moleste. Entreno teniendo en mente toreros que me pellizcan cuando les veo torear. Soy de la opinión de que tienes que coger lo que te vaya a venir bien para tu forma de entender el toreo; el maestro Ortega Cano, Paco Ojeda, Rafael de Paula, Morante, José Tomás entre otros son toreros que me llenan y me aportan pureza y verdad cada vez que les veo.

Con todas aquellas personas que me aprecian tanto como persona como profesional les agradezco su afecto y les trato con el cariño que se merecen. Me considero buena gente, y espero que los que me conocen piensen lo mismo de mí.

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