jueves, junio 30, 2022

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La Tauromaquia como herramienta para la educación y la tolerancia

Soy una de esas madres comprometidas con la ecología que optó por la lactancia materna y los pañales de tela. De las que trabajan en casa y fuera de ella, de las que combinan y adaptan constantemente su desarrollo personal con la crianza de sus hijos. De las que se interesan por educar y reeducarse en el proceso, de las que reciclan, que olvidan cosas, de las que explotan de vez en cuando, y también soy de las que tienen afición taurina. La tauromaquia se me ha convertido en una sorprendente herramienta de crianza.

El padre de mis hijos es antitaurino y llevamos juntos 24 años, los últimos 18 casados. Así que mis hijos tienen en casa las dos posturas. Vivimos la libertad, el respeto, la tolerancia diariamente 24/7. Lo que derriba la creencia de que taurinos y antitaurinos no se pueden entender.

Llevé a los toros a mis hijos cuando cada uno había cumplido 5 años. A Sole no le gustó y a Jesu le encantó.  Hice otro intento por llevar a Sole un poco más grande, pero definitivamente no es lo suyo. Ninguno está traumado por la experiencia, ni son proclives a la violencia. Y hasta ahora, el que uno sea taurino y la otra no, ni siquiera es tema entre ellos.

Jesu y yo vamos juntos cada vez que hay ocasión. Compartir tendido con él me facilita que comprenda el hecho de que en el tendido somos aficionados, el género es lo de menos. Además ahí podemos estar codo a codo con otros que piensan y sienten diferente que nosotros sin que esto sea un problema.

Hablamos de que la presencia de la mujer en los toros es muy antigua y existe evidencia. Porque las mujeres en la Tauromaquia no somos novedad, pero una visión machista o heteropatriarcal reduce la presencia femenina al ruedo y cree que porque el número de matadores es superior al de matadoras no hay equidad. Pero el toro no distingue de géneros ni de nacionalidades, tampoco pide pasaporte. Acomete a quien tiene en frente.

En materia de pantallas y tecnología, el choque entre lo que se dice de los taurinos y lo que su madre es me ha resultado una vacuna excelente contra las redes sociales y para evidenciar la ilusión de libertad que ofrecen: censuran un video con contenido taurino, pero permiten insultos, peleas o amenazas, que luego se cumplen, como los tiroteos escolares. Además, cualquiera puede opinar sin verificar la información que está dando; basta con dar un click.

Mi afición también me ayuda a mostrarles a mis hijos una distancia y prudencia cuando interactúan con animales, gracias a que reconocen la naturaleza del toro. Son muchas las anécdotas de niños que han sido mordidos o arañados por animales domésticos cuando se acercan a ellos sonriendo, con las manos extendidas, haciendo algún sonido tierno, acercando la cara. Para nosotros, los humanos, son gestos de cariño y para los animales representan gestos amenazantes. Pues en la naturaleza, los animales con frecuencia se acercan con la mirada fija, mostrando los dientes, gruñendo o haciendo sonidos cuando van a atacar a otro animal. El desconocer la naturaleza y humanizar a los animales causa accidentes. Mis hijos respetan y cuidan a sus mascotas. Y reconocen que no son niños como ellos.

Gracias a la polémica alrededor de prohibir las corridas de toros, aterrizamos en política. ¡Hasta para eso nos dan los toros! Por ejemplo: permitir que el estado prohíba los toros también es privilegiar la sensibilidad de unos ciudadanos por encima de la de otros. Caben los gustos de todos mientras no atenten contra ningún derecho humano, y asistir o no es opcional. O explicarles que cuando se prohíben actividades legales se pierden derechos adquiridos.

De los ataques y cuestionamientos a los taurinos, han aprendido que el “despropósito de criar animales para atentar luego contra su naturaleza, su esencia y su vida” del que se nos acusa a los taurinos, también aplica para los animalistas urbanos. Porque se compran y se venden mascotas como un producto más. Se crían con ese fin. Se les llama “animales de compañía”, son usados como compañeros pero no es su finalidad zootécnica..

Ser taurina me ayuda a compartirles, desde mi experiencia, que no tienen que renunciar a su gusto o afición por agradar a otro ni para ser amados. Que los gustos culposos son la vergüenza de ser tú mismo. Que no se trata de ser iguales ni de entendernos, sino de respetarnos. Que las diferencias bien llevadas suman.

En fin, soy una mamá como tantas otras…Con el plus de ser taurina.


Fernanda Haro Cabrero es Doctora en Estudios Novohispanos por la Universidad Autónoma de Zacatecas.

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