Por Fernando Gomá, presidente del Instituto Juan Belmonte.
El ingeniero forestal y emprendedor agroambiental —fundador y CEO de ID Forest— lleva años trabajando en una idea que hoy comienza a abrirse paso con fuerza: que la conservación de la naturaleza solo es posible si el campo tiene futuro económico. Su empresa, nacida tras una trayectoria investigadora vinculada al mundo agroforestal, aplica herramientas biotecnológicas y análisis avanzados para comprender la vida invisible del suelo y mejorar así la salud de cultivos, bosques y ecosistemas rurales.
Recientemente reconocido en la primera edición de los premios Ecología impulsados por el Instituto Juan Belmonte y la Fundación Legados, conversamos con él sobre sostenibilidad real, desarrollo rural, biodiversidad y el papel que desempeñan las actividades humanas —desde la ganadería extensiva hasta la gestión cinegética— en la conservación de los paisajes que hoy forman parte esencial de nuestro patrimonio natural y cultural.
Eres el fundador y CEO de ID Forest, empresa que utiliza herramientas digitales para gestionar proyectos forestales ¿puedes explicar para no expertos cuál es la actividad concreta de la empresa y cómo actúa para mejorar el campo?
IDForest es una consultora con su laboratorio propio. El laboratorio lo utilizamos para analizar la microbiota de los suelos, que son la base de la salud de las plantas, tanto forestales como agrícolas. Esto lo hacemos con procesos muy tecnológicos como la PCR, la secuenciación masiva de ADN y el análisis de datos avanzado. Todo ello para entender lo que ocurre en el campo.
Hoy sabemos que la microbiota del sistema digestivo humano es la base de nuestra salud, pues bien, el suelo es el estómago de las plantas que también necesitan una microbiota equilibrada para crecer mejor y ser menos sensibles a plagas y enfermedades.
Danos ejemplos de proyectos concretos en los que haya trabajado ID Forest
Hacemos proyectos en viticultura para mejorar la biodiversidad de los suelos y mejorar así la calidad de la uva y la salud de las viñas, en muchos casos viñas viejas y únicas. También trabajamos en lo que actualmente se denomina agricultura regenerativa, que consiste en devolver la actividad biológica a suelos degradados para mejorar las producciones gastando menos.
Igualmente, estamos trabajando en suelos forestales destrozados por el paso de los incendios.
Aunque son sectores muy distintos, la naturaleza trabaja igual porque las plantas se nutren, sufren y se desarrollan de igual forma en cualquier ecosistema. Lo importante es entender los cultivos como un ecosistema con toda su complejidad. Nuestra singularidad es que conocemos muy bien el entorno forestal y podemos aportar herramientas sostenibles, de bajo coste y que mejoren la naturaleza, y al mismo tiempo sean iniciativas productivas.
Este es el caso de las plantaciones truferas que se asientan en los suelos peores para la agricultura y donde el clima es especialmente duro. En los páramos calizos de España en los que es frecuente tener 10 grados bajo cero en invierno y 40 grados en verano, es donde se produce la trufa negra de mejor calidad. Hemos transformado muchas hectáreas de secano cerealista en bosques productores de trufa negra, multiplicando el valor de un suelo y activando la actividad económica de varios pueblos de Castilla y León. Hoy en día, desde Palencia, asesoramos a productores de España, Francia, Italia e incluso Australia.
¿Cuándo y por qué decides crear esta empresa?
Por mi interés en poner a disposición del campo y de la sociedad los resultados de la investigación agroforestal. Mi interés se centra en la investigación que puede ser aplicada a corto plazo. Así que, cuando terminé mi tesis doctoral, decidí desarrollar mi carrera en el sector privado, creando mi propia empresa.
En la presentación de tu candidatura al premio dices cosas muy interesantes, como que la conservación solamente es posible si el campo es rentable, y que conservación y desarrollo rural son inseparables ¿nos puedes ampliar estas ideas?
Por supuesto. Vivimos en el ámbito mediterráneo europeo, territorio que ha sido intervenido por el hombre durante miles de años. Lo que tenemos ahora no es el fruto solo de la naturaleza, también ha intervenido la acción humana. Por eso, querer conservar lo que tenemos sin tener en cuenta la acción humana no tiene sentido. No tocar nada para conservar puede ser útil en el Amazonas o en áreas naturales vírgenes, pero en Europa no.
Este es el caso de las dehesas, que ha sido diseñadas y conservadas en gran parte por el ser humano, el cual conseguía un sistema agroforestal con árboles, cultivos y animales en equilibrio. Hoy en día, muchas dehesas de este origen son parques nacionales como Monfragüe o Doñana.
Si nos planteamos conservar cualquier ecosistema diverso que tanta riqueza aporta en el mundo, el factor humano es fundamental. Hay que recordar que España es de los países que más riqueza y biodiversidad de ecosistemas aporta a la Unión Europea.
La sostenibilidad real consiste en hacer los proyectos viables para el futuro. Si no son rentables y no dan riqueza económica no van a funcionar.
Hablas también de un “ecologismo arraigado”, que trasciende la teoría y “vive la realidad del productor”. Qué importante es acercarse con humildad a las vivencias y los conocimientos de los hombres y mujeres del campo, ¿verdad?
Cierto, hay conocimientos que se van perdiendo sin remisión, pero actualmente hay una línea de trabajo en la que me gusta estar que consiste en volver atrás, retornar a los conocimientos del campo de nuestros abuelos y a su forma de relacionarse con el ambiente. Ese conocimiento, que permitía producir con el mínimo coste y utilizando herramientas basadas en la naturaleza, es hoy un lema, que junto con la biotecnología agroforestal, permite trabajar de forma sostenible y rentable.
Me gusta especialmente el ejemplo de cómo labraban la tierra nuestros abuelos. Sólo lo podían hacer en “tempero”, que es el momento en el que la humedad del suelo es óptima y un pequeño tractor, mulas o bueyes podían airear la tierra y dejarla preparada para la siembra. Hoy sabemos que realizar las labores del suelo con la humedad óptima mejora la microbiología del suelo y conserva su microbiota, además de mantener una textura óptima.Así, tenemos que buscar el tempero por medio de tecnología como son los sensores, que nos permiten conocer este momento de óptima relación humedad/aireación.
Existen otros mil ejemplos, como las épocas de poda de encinas y robles o la selvicultura, que permitirá hacer crecer los árboles con las formas específicas para generar materiales perfectos para la construcción de viviendas o barcos.
¿Qué representa para ti el ejemplo del ecologista Suso Garzón?
Yo crecí viendo los programas de Felix Rodríguez de la Fuente y viendo a Suso Garzón metiendo los rebaños por el Paseo de la Castellana en Madrid, y ya en aquel momento ambos eran personas extremadamente innovadoras para su época.
Sigue siendo igual de necesario que entonces explicar y divulgar el mundo rural en los ambientes urbanos. Personas como Suso, que mostraron la importancia de la trashumancia, hacen que la información llegue a todo el mundo, y no siempre existen referentes con una gran trayectoria y credibilidad que además quieran divulgar de forma sencilla.
Los rebaños y la ganadería extensiva conservaban gran cantidad de pastizales que estaban adaptados al pisoteo y a la forma de comer de las ovejas. Este efecto lo conocemos más en detalle actualmente y sabemos que las ovejas mantenían pastizales donde se desarrolla el cardo corredor, que a su vez es el ecosistema único de la seta de cardo (Pleurotus eryngii), seta emblemática en ambas Castillas y Madrid. El pastoreo mantiene ecosistemas únicos, reduce el riesgo de incendios, ya que elimina gran cantidad de combustible, y además mantiene personas en mundo rural. Las ventajas de la ganadería extensiva son tantas que debería haber un plan de conservación del pastoreo en España.
En el jurado del premio participan representantes de la caza y la tauromaquia, dos actividades esencialmente de campo ¿qué puedes decirnos de ellas, especialmente en el aspecto de conservación ecológica?
La caza es una herramienta más para la gestión de ecosistemas humanizados como es el nuestro. Es fundamental para gestionar las poblaciones de animales silvestres, y además genera riqueza que se queda en los pueblos.
Entiendo que haya personas a las que no les guste que se maten animales silvestres, pero al igual que hay que cortar algunos árboles en los bosques para que la gran mayoría estén sanos, la caza es la forma rentable de controlar a la fauna. Gestión, por otro lado, fundamental para la salud humana, ya que el desequilibrio de los animales salvajes puede transferir enfermedades como la peste porcina y otras de mucho mayor calado, como estamos viendo con los jabalíes en Cataluña.
Soy un defensor y protector de la cultura española, veo la tauromaquia como una singularidad cultural de nuestro país que creo que hay que conservar. Además, como he mencionado antes, la dehesa es un ejemplo de biodiversidad, alojando especies tan emblemáticas como el lince ibérico, y es el hábitat natural del toro bravo. La ganadería del toro de lidia permite conservar gran cantidad de dehesas en este país, generando además puestos de trabajo.
Y, finalmente, ¿qué significa para ti y tu proyecto haber sido premiados en la primera edición de los premios Ecología, creados por el Instituto Juan Belmonte y la Fundación Legados?
Lo primero una gran sorpresa, ya que somos una empresa pequeña que hace cosas pequeñas. Lo segundo, un gran honor que el Instituto Juan Belmonte y la Fundación Legados se hayan fijado en mí como un representante de la conservación activa. Este premio va a ayudar a divulgar en qué consiste esta simbiosis compleja entre la conservación y el desarrollo rural.



