La defensa de la fiesta de los toros en los tiempos que corren consiste básicamente en su reivindicación como un acto de libertad. No se precisa más. Ni debe hacer falta más. No tenemos que buscar más justificaciones, pretextos, motivaciones y argumentarios. Muy diferente es lo que de bueno pueden aportar a la fiesta ciertos factores: figuras que atraigan al público, toros que embistan y, sobre todo ahora, el apoyo de las televisiones públicas. Pero por encima de todo se trata de un acto de libertad por el que nadie se puede sentir censurado, ni mucho menos acosado. Los toros son parte importante de nuestra historia, identidad y cultura. Y muchos queremos que lo sean también y con toda naturalidad de nuestra vida cotidiana, aunque no seamos abonados o vayamos a la plaza en contadas ocasiones. Pero somos ciudadanos libres al asistir a un festejo, leer una crónica taurina, ver un reportaje de televisión sobre la cogida mortal de un célebre matador, o comentar la evolución de un torero prometedor. Podemos atender a las conclusiones de los estudios de impacto económico de la fiesta, siempre alentadores, pero no podemos basar la pervivencia de los toros en esos análisis, porque en el fondo tienen mucho de trampa. Hay quienes pretenden que justifiquemos el rito en nuevas razones. Y no hay otra que la de la libertad. La fiesta soportará ministros incompetentes y que están de paso, modas animalistas y el cierre sectario de cosos siempre y cuando haya aficionados libres que mantengan viva la preciosa liturgia de vivir una tarde de toros. Ellos, solo ellos, hacen viable la tauromaquia, el esfuerzo de ganaderos, toreros y empresarios. Sin aficionados libres no hay paraíso taurino. No le demos más vueltas. La fiesta goza de innumerables apoyos de prestigio a lo largo de la historia, pero ninguno como la fuerza de la libertad. Somos taurinos porque somos libres. No sintamos la necesidad de demostrar nada de forma especial, más allá de enseñar la riqueza cultural, la importancia histórica, lingüística, antropológica y social de un rito para el que desee saber más, conocer mejor y, por lo tanto, amar más una fiesta única.
Artículo incluido en el libro 51 periodistas hablan de toros – 2025
Carlos Navarro Antolín
Carlos Navarro Antolín (Sevilla, 1964) es licenciado en Periodismo por la Universidad Hispalense. Comenzó a ejercer el oficio en ABC de Sevilla. Forma parte de la plantilla fundacional de Diario de Sevilla (1999), donde es subdirector en la actualidad. Trata temas locales, regionales y nacionales. Sus artículos aparecen en las secciones La Aldada, La Caja Negra, La Sastrería, El Fiscal y Un Inciso (para el portal económico del Grupo Joly). Mantiene una tertulia semanal con un personaje de actualidad que se difunde en la web del periódico cada lunes bajo el nombre de El Zaguán. Colabora en la tertulia política nacional de la SER, con Radio Sevilla y en diferentes programas de la RTVA.




