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martes, noviembre 3, 2026

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Mi primera entrevista

Cuando yo era chico tenía todas las papeletas para que a mí me gustaran los toros. Mi padre puso todo el empeño en ello. Él fue en su juventud cuidador de caballos y llegó a ser alguacilillo en las plazas portátiles que se montaban en mi pueblo. Luego perteneció en los años sesenta del siglo pasado a la junta directiva de la Peña Manuel Benítez El Cordobés de Bailén. Me llevaba a las corridas con la ilusión de que pudiera charlar con él algún día sobre las excelencias de esa fiesta que a mí me aburría. Para convencerme solía decir que en una corrida de toros se pueden aprender algunas cosas útiles sobre la vida y la muerte, sobre el coraje y la cobardía, sobre la dignidad del hombre que se arriesga y la del animal que lucha hasta la muerte. Mi hermano Melchor también era un gran aficionado. Fue presidente durante unos años de la Peña Taurina Tercio de Varas en Linares y ha estado mucho tiempo dándome la vara, valga la redundancia, para que yo aprecie el mundo de los toros. Ni lo consiguió mi padre ni lo ha conseguido mi hermano. Pero eso no quiere decir que esté en contra de la fiesta ni comprenda que haya personas a las que les apasione ese espectáculo, solo que a mí no me gusta, lo mismo que no me gustan los conciertos de rock and roll, los desfiles militares o las carreras de caballos. 

Sin embargo, sí hay un episodio relacionado con el mundo taurino que probablemente influyó en mí a la hora de querer ser periodista. Fue cuando mi padre, en ese deseo suyo de que me acercara al mundo del toro, me llevó al parador de Bailén a ver en persona a El Cordobés, que toreaba esa tarde en Linares. Yo debía de tener nueve o diez años. Entré con mi padre y los restantes miembros de la junta directiva de la peña a una habitación en la que los subalternos estaban vistiendo al diestro. Dos personas se empeñaban en embutir el enjuto cuerpo de su jefe en un traje brillante, de colores y sumamente estrecho. Otra trataba por detrás de ponerle la coleta y otra más se afanaba en que el torero se calzara unas manoletinas con borlas negras. A mí aquella liturgia me parecía mágica e impresionante. 

Cuando el torero me vio entre tanto adulto, se dirigió a mí y me preguntó si me gustaban los toros. Le dije que sí e inmediatamente le pregunté yo si no le daba miedo estar en una plaza con un toro tan grande. El torero dio casi una carcajada y respondió: 

—Más miedo me da lo que hay afuera de la plaza. 

Los de la junta directiva comenzaron a reír y yo, envalentonado por la reacción que había provocado mi primera pregunta, le hice una segunda: 

—¿Y no le da lástima matar a un animal? 

A los de la junta y a mi padre se les heló la sonrisa. En sus mentes tachaban de osada e impertinente la manera en que me dirigía a su idolatrado torero, el cual, lejos de molestarse, pergeñó otra carcajada y respondió:

—Más lástima me daría si me matara él a mí. 

Todos rieron la salida del maestro, que, terminándose de vestir, se acercó a mí, me puso la mano en la cabeza y cariñosamente me revolvió el pelo. 

Cuando salimos de la habitación, todos los de la junta felicitaron a mi padre por la agudeza de su hijo que, con las preguntas al torero, había humanizado aquella visita. Yo me sentí muy bien, había hablado y me había tocado la cabeza ese héroe de los ruedos que vivía asomado al vértigo perpetuo de la tragedia, ese hombre al que admiraba toda España, que llenaba las plazas de toros y que daba a los aficionados esa emoción que sus pacatas vidas necesitaban. ¡Y yo había hablado con él! Creo que fue entonces cuando en mi mente abejeó por primera vez la posibilidad de ser periodista y hacer entrevistas a personas famosas.  

Artículo incluido en el libro 51 periodistas hablan de toros – 2025

Andrés Cárdenas 

Andrés Cárdenas Muñoz (Bailén, 1954) es un periodista y escritor español con una destacada trayectoria en los medios de comunicación y la literatura. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en el diario Jaén, donde publicó una serie de reportajes sobre pueblos y aldeas de la provincia que le valieron el primer premio de periodismo convocado por el Club 63. En 1982, se incorporó al diario Ideal de Granada, donde desempeñó diversas funciones, incluyendo redactor jefe de Cultura y coordinador de suplementos, hasta su prejubilación en 2017. Ha sido galardonado con varios premios periodísticos y ha presidido la Asociación de la Prensa de Granada. Como escritor, ha publicado más de una veintena de libros, destacando títulos como El cántaro roto, Luna de octubre y Anales de Granada.

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