Es innegable cuán extendida se encuentra la afición taurina en el interior del país, pero no hay que perder de vista que los ataques de los antitaurinos, que siguen pautas y tácticas coordinadas internacionalmente, nunca cesarán.
Habrá que estar siempre atentos a cualquier ataque y ninguno debe quedar sin una contundente respuesta del mundo del toro.
La tauromaquia en el Perú goza, gracias a Dios, de buena salud. Es cierto que buena parte de ello se debe al fervor popular que despiertan los festejos taurinos en el interior del Perú, pero no es menos cierto que en los últimos años los aficionados organizados, junto a la prensa taurina y con el apoyo de los ganaderos han tenido que dar batalla frente a antitaurinos organizados en oenegés y contra políticos oportunistas que, erradamente, pensaban que ir en contra de la tauromaquia les redituaría electoralmente. La lucha ha sido ardua e intensa, a lo largo de la última década, pero la vigilancia constante y el no haber dejado pasar ningún ataque —del tipo que fuera— sin respuesta ha surtido efecto. A pesar de la actual situación positiva, se debe estar alerta y en constante vigilancia porque los antitaurinos no descansan ni descansarán.
Manifestación cultural autóctona
El encuentro de dos mundos se tradujo en mestizaje. El Perú no es incaico ni español. Es una mixtura de ambas culturas. El Inca Garcilaso de la Vega fue el primer mestizo americano ilustrado; hijo de español —de la familia del poeta del mismo nombre— y de una princesa incaica, nieta del antepenúltimo Inca; nacido en el Cuzco solo cuatro años después de la fundación de Lima y fallecido en Córdoba, narró en sus crónicas la admiración y el asombro que los toros, recién llegados desde España al Cuzco, causaban en los nativos americanos. Tras 500 años, que empezaron con fiestas de toros y cañas, la tauromaquia se ha convertido en una manifestación cultural propia. Acho, inaugurada en 1766 y cuya arquitectura exterior sigue igual, es la plaza de primera más antigua del mundo pues de la de Zaragoza casi no quedan muros originales y la de Sevilla recién se concluyó en 1881.
Más aun, tras 1824, al concretarse la independencia del país, los varilargueros españoles abandonaron el Perú; se les sustituyó, incluso en Acho, con capeadores a caballo que durante décadas se ocuparon del primer tercio en la llamada suerte nacional. Con el retorno de picadores españoles y la llegada de Vicente Pastor, en 1906, quien impulsó su incipiente carrera triunfando en Acho, se concluyó con el retorno de la liturgia taurina española en Lima. Aunque conforme avanzaron los años la tauromaquia en el interior del Perú se continuó integrando con la española, que se había refinado bastante a lo largo del siglo XIX, en algunos pueblos andinos aún tiene un carácter distinto y autóctono. Sin embargo, en el siglo XXI, paulatinamente, los festejos taurinos se van pareciendo cada vez más a la tauromaquia universal en casi todas las plazas peruanas. Muchos diestros españoles, mexicanos, colombianos y venezolanos se han afincado en el Perú y desarrollan su actividad aquí.
Fenómeno sociológico
En 2024 se han celebrado más de 750 festejos taurinos en todo el Perú. A fines de 2023 existían 396 plazas firmes. A lo largo de este año deben haberse construido cuatro o cinco más. En pueblos de no más de 300 o 400 habitantes, las empresas mineras que desean congraciarse con las comunidades ofrecen alguna obra y lo que suelen pedirles, antes que un estadio u otro tipo de edificación, es una plaza de toros para un mínimo de 3.000 espectadores. Cuando celebran sus corridas en honor del santo patrón, la plaza se llena con pobladores de los alrededores.
En las grandes ciudades del Perú hay empresas taurinas, con mayor o menor apoyo municipal, pero en localidades medianas o pequeñas no hay empresarios. Se nombra, al concluir las festividades, a un responsable de las fiestas en honor al santo o a la virgen del pueblo que se celebrarán el año siguiente; se les llama mayordomos, alferados o capitanes de plaza, dependiendo de la zona. Aparte de las procesiones, lo más importante de las fiestas patronales son las corridas de toros.
El mayordomo y su comisión de colaboradores harán todo lo posible para que la feria taurina supere en calidad —en toros y toreros— y en cantidad a la del año anterior. Financiarán los festejos taurinos y, de ser necesario, buscarán donantes que colaboren aportando algunos toros o los honorarios de toreros y cuadrillas. Las entradas que el público paga no cubren el costo de la feria porque, además, reparten gratuitamente comida, cerveza y golosinas a los espectadores. Todo ello a cambio de aceptación y aprobación social; por tener el privilegio de recibir a los toreros en los medios al culminar el paseíllo y por dar la vuelta al ruedo con los matadores, recibiendo la ovación de sus paisanos. Pero igual de importante es la devoción al santo patrón; sienten que si no se esmeran en celebrar una feria taurina de calidad, el año no será bueno económicamente por haberle fallado al santo o a la virgen del pueblo.
Ese fenómeno sociológico ha logrado —a lo largo de los últimos 30 años de crecimiento y estabilidad económica en el país— que el número de festejos aumente de año en año y, lo más importante, que la calidad de las ferias taurinas mantenga una mejora sostenida en cuanto a su calidad. Ello ha traído consigo un incremento constante de la afición taurina en el interior del Perú. Al culminar cada corrida, los matadores tardan una hora o más en lograr subir a su coche de cuadrillas; todo el mundo desea, con sumo respeto, hacerse un selfie con ellos. Los toreros son verdaderos ídolos.
A lo anterior debe añadirse la importancia económica que para los pueblos tienen las ferias taurinas. El comercio, en muchos de ellos, depende del movimiento económico que generan las corridas para sostenerse a lo largo de todo el año.
Ese auge, esa afición cada vez mayor, es el mejor seguro de vida de la tauromaquia en el Perú. Los legisladores y alcaldes, sean o no taurinos, de derechas o de izquierdas, han tomado conciencia de que sus electores no aprobarían ninguna decisión en contra de la tauromaquia.
Derecho a la cultura
Desde el año 2000, en el Perú se han promulgado dos leyes de protección animal. En ambas se ha exceptuado a la tauromaquia y la gallística de los alcances de la ley.
En el trasfondo de esa excepción está el reconocimiento del derecho constitucional a la cultura y a la diversidad de las manifestaciones culturales; a la libertad que la Constitución Política del Perú y los tratados internacionales reconocen para que los peruanos eduquen a sus hijos dentro de la cultura que deseen para ellos. Las plazas de toros del Perú son una muestra evidente: abuelos, padres e hijos llenan sus tendidos.
En 2011, el Tribunal Constitucional emitió, por unanimidad, la Sentencia 0017-2010-PI-TC en la que se reconoció el carácter cultural de la tauromaquia y el derecho inalienable de los peruanos a disfrutar de ella. Asimismo, estableció que el hecho de que las corridas de toros le desagraden a algunas personas no es motivo para intentar prohibirlas pues a esos ciudadanos les basta con no asistir a las plazas de toros.
Antitaurinos coordinados a nivel mundial
Los grupos de antitaurinos ejecutan acciones que coordinan en sus reuniones internacionales periódicas.
Las leyes de protección animal, en Francia y en el Perú, exceptúan a la tauromaquia del alcance de esas leyes. En Francia, en aquellos lugares en los que se celebran o se hayan celebrado festejos taurinos. En el Perú, en todo el país.
Un grupo de antitaurinos franceses planteó la inconstitucionalidad de esa excepción. La Corte Constitucional francesa le dio la razón a los taurinos.
En 2018, en el Perú, algo más de cinco mil personas firmaron una acción de inconstitucionalidad en contra de la excepción a la tauromaquia y gallística en la vigente ley de protección animal.
La demanda fue contestada por el Congreso del Perú por ser quien había elaborado dicha ley. La Asociación Cultural Taurina del Perú (ACTP) y otros grupos de aficionados y profesionales se presentaron al proceso como amicus curiae. Se proporcionó apoyo a las abogadas del Congreso a cargo de la defensa de la constitucionalidad de la ley. A lo largo del proceso en el tribunal, aficionados taurinos y a la gallística realizaron tres marchas multitudinarias, en días laborables y por el centro de Lima, paralizando el tráfico por varias horas; asistieron, en promedio, 45.000 personas a cada una de esas manifestaciones. Se expuso el caso ante diversas autoridades y el Defensor del Pueblo. Se consiguió declaraciones a favor de la tauromaquia de expresidentes del Tribunal Constitucional, de abogados constitucionalistas prestigiosos, de intelectuales de diversas corrientes políticas —incluyendo a Mario Vargas Llosa—, así como de congresistas y alcaldes de muchas ciudades del interior del Perú. La campaña de prensa y los debates televisivos para difundir esos importantes apoyos a la tauromaquia duraron más de 18 meses.
El Tribunal Constitucional tiene siete magistrados. Se requieren cinco votos para establecer la inconstitucionalidad de una ley. La presidenta del Tribunal Constitucional, de marcada tendencia ultraizquierdista y antitaurina, ordenó celebrar una audiencia pública, transmitida en línea, para que los siete magistrados expusieran su ponencia y emitieran su voto. Ella se presentó a la sesión con un par de banderillas para mostrar, populistamente, los arpones. Sin embargo, solo hubo tres votos a favor de la inconstitucionalidad, amparados en febles exposiciones de los magistrados contrarios a la tauromaquia frente a cuatro votos en contra de la inconstitucionalidad de la ley, destacando la acertada exposición del magistrado Raúl Ferrero Costa. La sentencia 0022-2018-PI-TC emitida en marzo de 2020 es notable.
Antitaurinos en la Municipalidad de Lima
Los antitaurinos organizados internacionalmente se propusieron cerrar las plazas de las capitales americanas, aprovechando que ya en Quito no se podía ejecutar la suerte suprema.
Los resultados están a la vista. Acho es la única plaza de una capital americana sin problemas actualmente. Pero eso es así porque se bloqueó eficazmente el intento de cerrarla que promovió la Municipalidad de Lima, en la anterior gestión edil.
La Plaza de Acho es de la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana (SBLM). Su Consejo Directivo tiene cinco miembros. El alcalde Lima nombra al presidente y a dos directores. El Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social nombra a los otros dos. Sin embargo, la SBLM es un organismo autónomo.
Durante la pandemia, el anterior alcalde le solicitó —a través de la SBLM— a la empresa que gestionaba Acho una cesión temporal de la plaza a cambio de una ampliación del contrato por un año adicional para montar en el ruedo una carpa que destinó a 150 mendigos sin techo.
De esa forma, el alcalde pretendía encubrir su inacción en general y especialmente durante la pandemia. Pero realmente, como veremos, quería cerrar Acho para cualquier actividad taurina. La SBLM montó la carpa y se encargó de la gestión del improvisado asilo. Lo más grave es que la SBLM posee varios asilos en los que pudo haber acomodado —mejor que en una carpa— a esos mendigos. Evidentemente, fue pura demagogia. Al terminar la pandemia, solo quedaban 20 mendigos. El resto había huido porque allí no les dejaban beber alcohol ni drogarse.
En agosto de 2020, un regidor municipal promovió la aprobación, con la anuencia del alcalde, de un Acuerdo de Concejo para prohibir “espectáculos con tortura animal en locales municipales tras la conclusión de los contratos vigentes” ordenándole a los funcionarios municipales el cumplimiento del acuerdo. A pesar de la múltiples gestiones y conversatorios con los regidores de Lima, que la ACTP organizó, 38 de los 40 regidores votaron a favor o se abstuvieron y el acuerdo fue aprobado. Al día siguiente el alcalde de Lima, delante de la Plaza de Acho, declaró exultante en televisión que “en este local no habrá más violencia porque Lima es una ciudad de paz”.
El acuerdo violaba la Ley Orgánica de Municipalidades, pues esta impide que los regidores desarrollen acciones ejecutivas, tales como dar instrucciones a los funcionarios municipales. Por ese motivo, los 38 regidores fueron denunciados penalmente por abuso de autoridad y prevaricación y, al mismo tiempo, se solicitó su vacancia —es decir, la destitución del cargo— ante el Jurado Nacional de Elecciones por vulnerar la ley municipal.
El Concejo de Lima recibió, en primera instancia, el pedido de vacancia. Como era lógico, los regidores no se “suicidaron” vacándose a sí mismos pero, en enero de 2021, emitieron un nuevo Acuerdo de Concejo retractándose del anterior; reconocieron que la Plaza de Acho no era un local municipal, que existían dos sentencias del Tribunal Constitucional que declaran que la tauromaquia es parte de la cultura del Perú, que la Ley de Protección Animal exceptúa las corridas de toros y, finalmente, afirmaron que había sido un malentendido, pues ellos nunca habían querido cerrar la Plaza de Acho.
Si no se hubiera hecho todo aquello, hoy no habrían corridas de toros en Acho.
El corolario es que no debe dejarse pasar ningún ataque en contra de la tauromaquia, provenga de quien provenga, sea de una autoridad o de un organismo público, de un particular o de un medio de prensa. Debe ser respondido con fundamento legal, diligencia y contundencia.
Pablo J. Gómez Debarbieri
Profesor y crítico taurino
Artículo incluido en el libro Diez años de defensa jurídica de la tauromaquia – Artículos de la Fundación del Toro de Lidia 2016 – 2025



